Los propietarios de una vivienda en Madrid se encontraron con una situación complicada: un gran pino había crecido atravesando el centro de la casa. Amenazando la integridad estructural del edificio y de los inmuebles colindantes, su retirada requería de una intervención experta.
Jorge, propietario de Arbórea, fue el encargado de asumir esta compleja tarea y de inmediato reconoció el desafío que suponía. Al ver la magnitud del crecimiento del árbol y su difícil ubicación, supo que necesitaría recurrir a herramientas especializadas para lograr un trabajo exitoso. También tomó medidas muy cuidadosas para minimizar el impacto en la vivienda y el entorno. En sus propias palabras: “A los arboristas nos gustan los desafios y, cuando vi este árbol por primera vez, supe que era un trabajo distinto de afrontar. Me dije a mí mismo: quiero hacer este trabajo”.
El proyecto no solo demostraría la gran pericia del equipo de Jorge, sino también cómo el árbol fue cuidadosamente seccionado y retirado utilizando la motosierra de doble batería M18 FUEL™ con barra de 50cm de MILWAUKEE®, mostrando al mismo tiempo el extraordinario rendimiento, las ventajas de seguridad y los beneficios medioambientales de la herramienta en trabajos exigentes.
El proyecto pondría a prueba tanto la maquinaria como la experiencia del equipo. Situado en una zona residencial densamente poblada, había estrictas restricciones de ruido y serias preocupaciones de seguridad. El propio emplazamiento del árbol suponía grandes dificultades: crecía directamente a través de un patio interior cerrado, lo que exigía una precisión casi quirúrgica, tanto dentro como fuera de la vivienda.
El tronco medía unos 80cm de diámetro, alcanzaba entre 15 y 17 metros de altura y pesaba aproximadamente entre 7.000 y 8.000 kilos. A esto se sumaba un factor de inestabilidad, el pino presentaba una copa muy grande sostenida por un tronco relativamente estrecho. Además, sus ramas se extendían por encima de los tejados de cuatro casas, lo que impedía que pudieran dejarse caer al cortarlas, ya que cualquier impacto podía dañar las propiedades vecinas.
El acceso también era complicado, la calle, de apenas 6 metros de ancho, dificultaba la maniobra de la grúa de 60 toneladas. La proximidad de los edificios obligaba a trabajar con un control y una precisión excepcionales. Y, como factor crítico, la comunicación fluida entre todo el equipo debía mantenerse en todo momento para garantizar la seguridad.